LOS GLOBOS: HISTORIA

Desde los primeros vuelos hasta nuestros días

Historia de la aerostación

Los primeros pasos en la historia de la aerostación no fueron dados como suele pensarse por los hermanos Montgolfier, sino por un inventor y sacerdote jesuita llamado Bartolomeu Lourenço de Gusmão. Según se dice la idea de un instrumento más ligero que el aire se presentó cuando observó como se elevaba una pompa de jabón al pasar sobre una vela. Inmediatamente intuyó las posibilidades de aquella idea y solicitó incluso el privilegio de patente al rey de Portugal Juan V.

La primera demostración pública, ante la corte, se realizó el 8 de agosto de 1709 en la Casa de Indias de Lisboa, consiguiendo elevar su artilugio 4 metros por encima del suelo, antes de que se incendiara. Su invento fue denominado Passarola. Posteriormente sin embargo, lejos de recibir el reconocimiento que se merecía, fue difamado por la Santa Inquisición, perseguido y obligado a huir. Se refugió en España y murió en Toledo, a causa de unas fiebres, a los 39 años de edad.
Hubieron de transcurrir más de 70 años para que se diese el siguiente paso, esta vez sí, de la mano de los hermanos Montgolfier, concretamente Joseph-Michel y Jacques-Étienne Montgolfier, que hicieron famosos a sus otros nueve hermanos, al transformar un sencillo juego infantil en el antepasado de los actuales globos aerostáticos.
Hijos de un fabricante de papel y mientras jugaban con unas bolsas de ese material colocándolas invertidas sobre el fuego, observaron que éstas subían hasta el techo. Con bolsas más grandes y buscando materiales más ligeros realizaron en 1782 las primeras pruebas con seda y lino. El 14 de diciembre de 1782 consiguieron elevar a 250 metros una bolsa de seda de 18 metros cúbicos. Su primera demostración pública se realizó el 4 de junio de 1783 donde hicieron subir una esfera de papel de 800 metros cúbicos y un peso cercano a los 225 kg. llena de aire caliente. Durante un vuelo de 10 minutos en el que la esfera alcanzó una altitud estimada de 1600 a 2000 metros, su artilugio recorrió 2 kilómetros.
Nadie sabía que le ocurriría a un ser vivo al elevarse en el aire a aquella altura así que reclutaron una oveja, un pollo y un pato y les ofrecieron el honor de ser los primeros tripulantes de un globo aerostático, honor que seguramente ellos hubiesen declinado de haber podido hacerlo. Este vuelo que se realizó en Versalles en octubre del mismo año, el primero tripulado de la historia, fue el paso previo para solicitar el permiso de Luís XVI de Francia para el siguiente gran paso, el vuelo con humanos a bordo.
Jean-François Pilâtre de Rozier, otro francés aunque esta vez profesor de física y química e inventor, presenció ese primer vuelo de los hermanos Montgolfier. También colaboró en el que tripularon el pollo, el pato y la oveja. Tras algunas pruebas el 21 de noviembre de 1783, Pilâtre de Rozier y el Marqués d’Arlandes realizaron el primer vuelo tripulado por humanos, desde el Château de la Muette las afueras de París recorriendo en poco menos de media hora unos 13 kilómetros y a una altura de más de 900 metros.
A los globos de aire caliente se les bautizó montgolfiere o mongolfiera. Joseph Montgolfier, Pilâtre de Rozier y otros cuatro aventureros protagonizaron el segundo vuelo tripulado el 19 de enero de 1784, con un globo de 13.000 metros cúbicos, recorriendo un corto trayecto.
Pilâtre de Rozier participó en otro vuelo el 23 de junio de 1784, junto con Joseph Proust, en una versión modificada del globo Montgolfier, y que en honor a la reina se bautizó como La Marie-Antoinette. Los espectadores de honor fueron el rey de Francia y Gustavo III de Suecia. El vuelo les llevó por encima de las nubes a unos 3.000 metros y recorrieron 52 kilómetros en 45 minutos, con lo que establecieron un récord de velocidad, altura y distancia recorrida, que podría haber sido aún más espectacular de no ser por las turbulencias y las bajas temperaturas que les obligaron a descender.
Pero Pilâtre de Rozier no se detuvo ahí, quería cruzar en globo el Canal de La Mancha, desde Francia hasta Inglaterra. Pensó que no podría hacerlo con un globo Montgolfier debido a la cantidad de combustible necesario para calentar el aire. Escogió por lo tanto un globo mixto de aire caliente e hidrógeno (globos que desde entonces se llaman Rozier en su honor). Pero antes de conseguirlo, y tras un retraso por diferentes problemas, otro equipo formado por Jean-Pierre Blanchard y John Jeffries, cruzaron el Canal, en sentido inverso, en un globo de hidrógeno el 7 de enero de 1785.
En los siglos XIX y XX los globos de aire caliente quedaron medio olvidados utilizándose más los de gas. En 1861, por ejemplo, Thaddeus Lowe utilizó su globo para otear el horizonte y así descubrir a las tropas confederadas durante la Guerra Civil Norteamericana. Pero en la guerra y el comercio era necesario controlar la trayectoria. A la pregunta que se hace la mayoría de la gente cuando se le explica el funcionamiento de un globo de aire caliente de ¿pero de verdad no se puede dirigir?, a la que inevitablemente le sigue ¿y si se le pone una hélice o algo? dieron en su día respuesta los dirigibles que tuvieron su auge pero perdieron interés tras incendio del Hindenburg el 6 de mayo de 1937.
En octubre de 1960 Raven Indrusties le dio un buen empujón a la aerostación al fabricar el quemador de propano y utilizar nylon para la vela, lo que supondría el renacimiento de los globos de aire caliente.
Jean-Pierre Blanchard fue el primero en plantearse cruzar el Atlántico en globo en el siglo XVIII, una empresa mucho más compleja y arriesgada que la que le costó la vida, tratar de cruzar el Canal de la Mancha. Deberían transcurrir casi 200 años y numerosos intentos fallidos para que tal hazaña fuese realizada. Fueron Maxie Anderson, Ben L. Abruzzo y Larry Newman en el “Águila II” (el Doble Águila acabó en el mar cerca de Groenlandia en su primera tentativa) quienes cruzaron el Atlántico desde Presque Isle en Estados Unidos, a Miserey en Francia, en un vuelo de 137 horas. Todas éstas tentativas se habían realizado en dirección Oeste-Este pues ofrecía mayores garantías de éxito. Así que quedaba aún pendiente la travesía inversa, el cruce del Atlántico en dirección Este-Oeste, hazaña que realizaron los españoles Jesús González Green y Tomás Feliú en 1992, batiendo a la vez 16 récords mundiales.
Siete años después, el 1 de marzo de 1999, el Breitling Orbiter 3, pilotado por Bertrand Piccard y Brian Jones, conseguía otro gran reto, la vuelta al mundo en globo en una travesía de 20 días.

Bibliografía:

  • Manual de aerostación
    Luís Rubio Bardón y Valentín Menéndez Cadavieco
    FENDA
  • Con los vientos alisios
    Jesús González Green
    Fundación Infante de Orleáns
  • Doble Águila
    Charles McCarry
    Editorial Juventud
  • National Geographic Vol. 5 nº 3, de septiembre de 1999